viernes, 25 de enero de 2013

A Horacio - Beatriz Ferrer (publicado en Facebook y WordPress el 18-dic-12)


A Horacio
by Beatriz Ferrer
Pido a mis ocasionales lectores me permitan la licencia de salirme de mi línea y dedicar esta publicación a mi mentor Horacio J. Ornes Heded.

Desde su fallecimiento el pasado sábado me encuentro totalmente desconsolada. Me hubiese gustado tener la compostura para dedicarle unas palabras antes, pero el desamparo en que me veo sumida es tan grande, que hasta hoy no he tenido el valor de hacerlo.

Aquí va.

Querido Horacio:

No hay palabras que puedan expresar, sin quedarse cortas, el desconsuelo que siento ante su partida, ni el agradecimiento eterno que siempre le tendré por todo lo que aprendí de usted. Cuando llegué a Fudeco (Save the Children) recién graduada de mi máster, usted me dio la oportunidad de mi vida, aunque yo aún no lo sabía. Entré a una escuela, en la que usted era profesor, y me enseñó el desarrollo comunitario puro. El de verdad. El que tiene un impacto real en las vidas de las personas. Nunca olvidaré esos viajes a Loma de Cabrera, donde como en ningún otro sitio se ven en cada comunidad las huellas de su visión: en cada acueducto rural, en pequeñas empresas financiadas con microcréditos, en cada preescolar, en cada escuela reparada, en cada profesor o profesora capacitada, en la hidroeléctrica de Manuel Bueno, en los paneles solares, en los centros de cómputos autosuficientes y dotados de internet satelital, en cada huerto comunitario (y el abono orgánico con lombrices), en cada vivero, en cada letrina digna, en cada estufa Lorena, en el CAOTACO de Partido (Centro de Agricultura Orgánica y Tecnología Apropiada para la Comunidad), de donde salieron miles de campesinos, niños, niñas y jóvenes capacitados en diferentes temas.

Hablo de Loma de Cabrera porque en lo personal y gracias a usted es un lugar especial en mi corazón. Porque cuando yo entré a Fudeco fue el lugar donde me fogueé. Donde usted se empeñó en que yo aprendiera realmente el trabajo que hace la organización. Y vaya si lo aprendí. Inmediatamente comprendí que nadie, pero absolutamente NADIE, podría entender el trabajo de Fudeco y de usted sin ir al campo. Porque el impacto de Fudeco no se ve en los fríos reportes ni memorias institucionales, sino en la gente. En la gente que luego de más de 30 años dedicados por usted a la zona ha cambiado su calidad de vida y se ha hecho artífice de su propio destino. En los niños que cuando usted llegó allá clamaban por acceso a educación secundaria y hoy claman por acceso a educación universitaria en la zona. En las profesoras que hoy saben educar sin violencia, y saben estimular a sus alumnos. En la doñita fregando sus platos o lavando la ropa en su casa, en lugar de ir al río. En los campesinos que conocen de nuevos métodos de agricultura porque se conectan al internet en un centro de cómputos. En los niños más pequeños que ahora entran a un preescolar a los 2 años, en lugar de esperar los 6 para ingresar al colegio. En la niña patrocinada que hoy es jueza de primera instancia.

Cuando los países más desarrollados decidieron cambiar los términos de la cooperación internacional, cambiar el significado del desarrollo comunitario, el trabajo suyo se hizo más relevante que nunca. Recuerdo las delegaciones que llevábamos allá a la frontera, que venían con una percepción del tipo de proyectos que querían imponernos, y se quedaban asombrados al ver nuestro trabajo. Abrían los ojos, y comprendían que el empoderamiento real y verdadero de la gente es la única verdad en materia de desarrollo. Y es que usted siempre fue defensor de la gente: de escucharlos, de entenderlos, de capacitarlos para que pudieran tomar sus decisiones.

Yo siempre le decía a usted que algún día quería tener una casita en Estancia Vieja, cuando íbamos a visitar a la pareja de viejitos, en su casa de palo, para ver cómo estaba funcionando el acueducto por gravedad que se había instalado detrás de su casa para dotar de agua a toda esa comunidad. Estancia Vieja siempre me pareció un lugar hermoso y encantador, y mucho más su gente, que como nadie demuestra el empoderamiento que usted siempre promovió. Recuerdo cuando usted me contaba que un comité de esa comunidad se le acercó para decirle que ellos habían conseguido las tuberías para el acueducto y pondrían la mano de obra, que por favor los ayudara a conseguir lo demás. ÉSE es usted: el hombre que empoderó a la gente.

Recuerdo las tardes en la “Casita Blanca”, como usted llamó a la casa donde nos quedábamos frente al CAOTACO. El atardecer conversando ahí, en lo que Margot preparaba la cena. Siempre en su conversación había algo que nos enriquecía, algo que aprender de sólo escucharlo. Para mí era increíble ver cómo las delegaciones de otros Save the Children terminaban totalmente enamorados de nuestra forma de hacer las cosas.

Hablo mucho de Loma, de Partido, porque quizás los mejores recuerdos de usted los tengo ahí. Porque usted era feliz allá. Pero usted impactó la vida de miles de personas en toda la geografía nacional. Nunca olvidaré el primer viaje al batey Laura, antes de iniciar el proyecto. Usted se inspiraba sólo de conocer a la gente, y ya se le ocurrían veinte mil ideas de cómo mejorar su calidad de vida. Ver a esos niños jugar fútbol con una pelota vieja y desbaratada de basketball le causó un pesar tan grande que lo primero que hizo al regresar fue mandar a comprar pelotas de fútbol. De su bolsillo.

Y es que su sensibilidad social no tenía límites. Pocas personas como usted dedican su vida a los demás. Y esa sensibilidad se extendía a la oficina. Usted siempre estaba preocupado de la situación de todos, siempre estaba disponible para los problemas de todos.

No conozco a nadie, además, tan honesto y recto como usted. Llegó a prestarle dinero de su bolsillo a Fudeco cuando estábamos en apuros, sabiendo nosotros que a usted no le sobraba. Porque nunca trabajó para hacerse rico, nunca tuvo una actividad paralela. Usted se entregó al 100 por 100 a Fudeco. Tanto así que usted mismo promovió la reestructuración de la organización, de manera que usted no tuviera tantos poderes; defendió a tal punto la institucionalidad que voluntariamente se salió del Consejo de Directores (donde estaba de manera honorífica) para evitar influenciar las decisiones importantes.

Además, evitaba siempre el protagonismo. Por eso casi nadie sabe que fue fundador de la JAD, de Alianza ONG, de Mude, de Ademi, entre otros. Porque nunca le interesó hacer bulla. Cuando comenzamos los esfuerzos de elevar el perfil de Save the Children, tuve innumerables batallas con usted, porque rehuía aparecer en fotos, en los medios, en publicaciones. Eso demuestra el gran ser humano que fue.

Yo perdí demasiado. No sé qué me haré sin su consejo, sin su sabiduría, más que nada sin su ejemplo. El mundo del desarrollo perdió más todavía, porque perdió la voz más certera que tenía, perdió la mente más creativa, perdió un líder, y perdió un embajador de los desfavorecidos.

Yo sólo le pido, donde quiera que esté, que nos ilumine, porque a mí me faltó demasiado por aprender para seguir su ejemplo. Y aún se hubiera quedado más tiempo con nosotros, yo jamás hubiera llegado a tener la talla de usted.

Me queda el consuelo de que en vida le llegué a decir lo que significó para mí, pero hubiese preferido decírselo más. Usted dejó el listón tan en alto, que sé que donde sea que me lleve el destino nunca me toparé con nadie que pueda guiarme como lo hizo usted.

Por favor, le pido, guíeme.

Beatriz

P.D.: Adjunto el video que hicimos cuando Fudeco-Save the Children cumplió 30 años, cuyo guión escribió usted con tanto orgullo, aunque no quiso el crédito. Se acuerda del orgullo con que lo mostramos en el Members Meeting? Sé que ese video es su niño querido, y lo comparto porque es un homenaje a usted y su trabajo.




A Horacio Ornes Heded, en memoria - César Nicolás Penson (publicado en el periódico El Caribe el 17-dic-12)





Horacito: casi alcanzando los 62 años, con mil proyectos entre el alma y el corazón, siempre lleno de inquietudes para potenciar capacidades de hombres y mujeres de las áreas olvidadas de nuestro país, El Señor te llama el pasado sábado 15, con inescrutables fines para sus propósitos y planes divinos.

Tu amada Sosúa, lugar testigo de tantísimas satisfacciones personales, sitio de encuentro de parientes y amigos, es donde abandonas tu forma material, para usar el nuevo ropaje de luz, reservado a los de espíritu de entrega. Para los que compartimos contigo algún espacio de esa fructífera vida, se hace difícil entender el precipitado viaje hacia el Padre Celestial.

Corrían por tus venas la sangre del heroísmo de tu padre, de quien heredaste el Horacio Julio y el apellido, la gallardía, la conciencia social y el arrojo heroico; figura cimera en las iniciativas de Cayo Confites y Luperón, aventuras liberatorias armadas, contra Trujillo.

También la de tu tío Germán Ornes, legendario director de El Caribe y rígido formador de periodistas. De tus propias batallas en el desarrollo del hombre, la mujer y la infancia, quedan variados ejemplos.

Fundador, junto a un numeroso grupo de visión de largo plazo, de la Junta Agroempresarial Dominicana; creador, impulsor y razón de ser de la Fundación Para el Desarrollo Comunitario con su fructífera labor en la frontera y finalmente Save The Children Dominicana, filial de la organización de más vieja data en defensa de los derechos de la niñez.

Tu posición de director ejecutivo, meramente un espacio requerido en organigramas, porque en esencia eras el dinamo que movía iniciativas con tu liderazgo, carisma, honestidad, paciencia hasta para necedades cercanas, comprensión e identificación para ese ejército de personas que tuvo el privilegio de tenerte como jefe.

Quédate con la satisfacción de que supiste sortear los más espinosos escollos, las más difíciles pruebas y salir airoso . Te atreviste a ser honesto y a exigirlo de todos los que te rodeaban y supiste, con dolor, reprender a los que se desviaron de esa ruta de vida.

Dejas una obra en marcha, infinidad de proyectos y planes, pero más que nada dejas sembrada en infinidad de personas de escasos recursos, pero ricos en dignidad y ánimos de progreso, la esperanza motivante de que se puede y que los acueductos, el secado de frutas, las estufas Lorena, la educación, el fomento a la microempresa, la conservación de suelos, las iniciativas de salud, las de capacitación y la tecnología apropiada, en la frontera, en los bateyes y en toda la geografía nacional, son tu epitafio. Te extrañaremos Horacito, te echaremos de menos pero serás la chispa impulsora que motive a muchos otros a multiplicar tu ejemplo, en la búsqueda de un país mejor.

Semblanza de Horacio Ornes - Néstor Sánchez


Ante la tumba de Horacio Ornes, mi amigo.

Lunes 17 de diciembre del 2012

La vida y obra de Horacio Ornes resiste muchas lecturas. La mía no agotará toda su magnitud, llena de semblanzas, anécdotas, recuerdos y hechos que colmaron el paso por la vida de este dominicano excepcional. 

Desde mi regreso de México con mi adorada esposa Arddys y mis dos “chilanguitos” nacidos en el Distrito Federal,  Horacio se hizo parte de mi cotidianidad. Inicié junto a él una larga jornada de realizaciones para beneficiar a las comunidades más pobres de la frontera Dominicana que todavía hoy continúa. 

Ya desde principio de los años ochenta  Horacio era líder indiscutible del desarrollo comunitario y había logrado aglutinar un equipo de colaboradores versados en las tecnologías apropiadas para poner en escena novedosas soluciones a problemas ancestrales: estufas Lorena para restarle presión al bosque disminuyendo la tala de árboles, letrinas aboneras incrementar la productividad agrícola de las parcelas, biodigestores, irrigación por goteo, acueductos por gravedad y micro-hidroeléctricas entre  muchas otras tecnologías, que saltaban de los libros de textos para convertirse en buenaventuras.

Yo, que regresaba de una experiencia académica rigurosa en universidades norteamericanas y mexicanas, me maravillaba por la creatividad de este Quijote del Siglo XX como bien lo definiera ayer nuestro entrañable Andrés Ferrer, aquí presente, y poco a poco comencé a admirarlo y a aquilatar su obra de bien. Paulatinamente y sin pensarlo, fui pasando de testigo a cómplice de ese laboratorio de esperanzas que ha sido y siendo FUDECO.

¿Cuáles cualidades humanas y profesionales hicieron posible esta monumental obra?

En primer lugar, su gran capacidad de síntesis. Como pocos Horacio tenía la virtud del pragmatismo. Economizaba palabras e iba al grano con una claridad conceptual fuera de serie que lo catapultó como gran comunicador. Sólo en una ocasión lo oí desmantelar los argumentos de sus contrarios cuando el Caotaco de Matayaya fue tomado por una turba de enardecidos líderes campesinos del suroeste y tuvimos que abrirnos paso, él y yo, entre hostilidades e insultos para enfrentar sus  reclamaciones. Con la tranquilidad del sabio Horacio desmanteló uno por uno los argumentos y logró concertar acuerdos y negociaciones que evitaron una guerra campesina entre grupos de desafectos. Pero salvo excepciones como ésta por regla general Horacio no cuestionaba la argumentación de su interlocutor, sino que, en una intrincada dialéctica del discurso, la hacía suya, la enriquecía y la devolvía como síntesis de una nueva tesis basada en el consenso. 

En segundo lugar, su indiscutible condición de líder. Siempre le dije de manera jocosa que había errado al cursar en la Universidad de Texas A&M la carrera de economía agrícola pues tenía las cualidades innatas para egresar con honores de West Point y escalar la Jefatura del Estado Mayor. Pero creo que hizo lo correcto y se convirtió en el General de 5 Estrellas del desarrollo comunitario. Gracias a ello llegó a ser Subsecretario de Agricultura  a los 23 años y contribuyó significativamente a diseñar importantes instituciones de bien común como la Junta Agro Empresarial Dominicana, MUDE, y ADEMI entre otras.  Capturó así a toda una generación de jóvenes, deseosos de superar las trincheras de las luchas callejeras de la época y enfrentar  los problemas del subdesarrollo. Al amparo de un pequeño manifiesto que conservó siempre en su biblioteca titulado “Small is Beautiful” de Joseph Schumaker y que consultábamos  con frecuencia para refrendar los principios del trabajo social autogestionario, Horacio condujo a esa legión de colaboradores, hoy  todos hombres y mujeres comprometidos con los pobres de nuestro país y el mundo. 

En tercer lugar, también he de señalar su indiscutible capacidad para agenciar apoyos internacionales. En este ámbito Horacio se adelantó a su época, aún no globalizada, pues sin contar con las novedosas metodologías de planificación estratégica actuales, en los ochentas y noventas visualizó el mapa de problemas y le asignó las fuentes de financiamiento que podrían resolverlos. Así, por ejemplo, convenció a los alemanes para construir pequeños acueductos por gravedad que llegaron a ser más de 200. Sedujo a los norteamericanos para mejorar la producción agrícola y poner en práctica novedosos programas de salud materno-infantil. Encantó a la Alianza Internacional de Save the Children de la que fue siempre el líder más distinguido entre su membrecía de países pequeños, para patrocinar niños y promover sus derechos ciudadanos. Y tocó todas las puertas locales que fueron necesarias hasta posicionar a FUDECO como la Organización sin Fines de Lucro más exitosa de todos los tiempos en materia de recaudación de fondos internacionales. Cientos de millones de dólares tal vez miles, se invirtieron en el país para combatir la pobreza gracias al trabajo tesonero de Horacio y al grupo de colaboradores que estuvimos a su lado y que le ahorraron al erario dominicano fuertes sumas de dinero.

En cuarto lugar, su don de gente que lo mostraba ante propios y ajenos como un caballero a carta cabal. En efecto, Horacio tuvo siempre la virtud de sumar amistades y granjearse  querencias. Poseedor de maneras finas y educadas, reveladas en un estilo mesurado y clásico de vestir, en la gesticulación elegante que sorprendía al interlocutor  y en la gran virtud de hacer sentir al otro importante, escuchado y valorado, Horacio personificaba la caballerosidad, hoy poco cultivada y menos aún practicada.  Era centro de conversaciones y un inagotable Storyteller en el buen sentido de la tradición literaria inglesa. Y en ese tenor cautivaba escenarios. Lo acompañé en muchos  de sus viajes por el mundo buscando fondos para los pobres del país y en todos fascinaba a propios y extraños con historias salpicadas de buen humor y mejor histrionismo. Horacio fue un maestro del cuento corto como conversación  y su sola presencia aseguraba veladas inolvidables. Como en una ocasión en que, participando de un acto oficial en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica, la viuda de Don Pepe Figueres -constructor insigne de la democracia en ese gran país- al verlo exclamó sorprendida: “Ay Dios mío pero si eres el vivo retrato de tu padre”, (en alegoría a los  días en que Horacio padre fungió de estratega militar del ascenso al poder de su marido), rompiendo así el protocolo y entregándonos las llaves simbólicas de la ciudad de San José de Costa Rica, que, a partir de ese momento, quedó en nuestras manos. Demás está señalar que, a nuestra edad, que para entonces superaba en algo la de Cristo, hicimos buen uso de las oportunidades subsiguientes.

Finalmente, y no menos importante, me permito caracterizar el rol de Horacio entre sus  amigos más cercanos y que resumo en ideas cortas. 

1.     Su opinión era siempre buscada y escuchada pues le reconocíamos autoridad moral. 

2.     Era centro de acuerdos y soluciones pues contaba siempre con la respuesta deseada

3.     Todos reclamábamos su bonhomía y nos regalaba con gratitud inolvidables veladas  a cambio de que llenáramos, así fuese por  un corto momento, su soledad 

4.     Por último, su sentido de la lealtad que en muchas ocasiones pusimos a pruebas para salir fortalecida ante las adversidades.

Afortunadamente este Quijote del Siglo XX que hoy llega a su última morada, cuenta con una legión de Sanchos Panzas que contaremos su historia. 

A ti, Horacio amigo, que enfrentaste tantos retos y pudiste superar los asechos de una anatomía que, finalmente, cayó vencida por la impronta del destino,

A ti, Horacio colega,  a quien me honro reconocer como líder indiscutible del desarrollo comunitario, gran constructor de instituciones de servicio social, internacionalista como pocos desde donde sentaste cátedra,

A ti, Horacio compañero, que tanto hiciste por este gran país tan mal administrado, 

A ti, Horacio hermano, que asumiste la honradez como estilo de vida, la confidencia leal como sello de amistad y el encantamiento de voluntades: 

Qué privilegio haberte conocido, que gran dicha haber compartido contigo tantas experiencias vitales, una misma formación moral familiar y un compromiso indiscutible con los mejores intereses de nuestro pueblo.

Que descanses en paz, Horacio Julio.
¡Qué bien lo hiciste!

Néstor Sánchez
En una triste mañana de diciembre del 2012